Mucha Mierda

lunes, 7 de marzo de 2011

En la jerguilla artística mucha mierda significa, desde que se inventó la profesión, mucha suerte. Significa no te pongas nervioso. Significa todo va a salir bien, porque los focos están en su sitio alumbrando, el público te está esperando sentado en su butaca, y el guión lo tienes de sobra aprendido. Además, después de unos cuantos años actuando has aprendido a tener los pies en el escenario bien plantados… sin miedo.

No soy actor, pero no me hubiese importado serlo. Uno de esos, de pro. De progre. De los que salen en la tele autoetiquetándose y alineándose según la veleta les baile mejor. Sin embargo decidí estudiar, algo que creí apropiado en un país del primer mundo. No fui actor, repito, pero lo que sí sé es que en nuestro país, los actores proliferan por doquier. Están los de la tele que te cuentan las noticias, están los de los periódicos, aunque les cae mejor lo de guionistas porque te cambian el final cuando y como quieren; están los de los bancos, que hacen muy bien de malos, porque lo llevan en la sangre. Los de la SGAE y derivados también actúan cojonudo, porque se ríen de nosotros, nos damos cuenta, y aquí no pasa nada. No se entiende como no hemos tomado todavía el Palacio de Longoria. Luego están los actores de verdad. Los del Congreso y del Senado, de las Comunidades, de los Ayuntamientos… da igual de qué partido y de qué lugar. Da igual lo que hablen, porque en esos escenarios sí que hay mucha mierda, pero de la literal.

Digo que no me hubiese importado ser actor, porque hoy en día da más lustre y relumbrón la luz de los focos que la luz de la cultura y el conocimiento. Hoy nos importa más lo que dice en la tele la choni de turno, nacida pobre y viviendo de las rentas de las televisiones privadas, y todo por malfollarse a un torero. Hoy la opinión y la imagen de los que más cobran, de los que menos necesitan son las más válidas. Damas y caballeros –y cito al magnánimo Guy Montag- bienvenidos a Hispanistan. Abróchense los cinturones, aprieten el culo y disfruten del espectáculo.

Me gustaría desearte mucha mierda ahora que ya sabes de qué va este número, sabiendo que la gente va a aplaudir al final de la función, pero este cuento no acaba así. No hay focos, sino sombras. No hay público sentado, hay millones de parados. No hay guión ni lo esperes, porque los que gobiernan y los que quieren gobernar no tienen ni idea de lo que se traen entre manos. Y tu -nuestro- escenario se reduce a que estamos jodidos, casados con el banco, pero sin hijos –quién pudiera- y con medio pie en la calle, aunque lleves muchos años en tu compañía y lo hagas crème.

Mucha suerte

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